La palabra Motivación es resultado de la combinación de los vocablos latinos motus (traducido como “movido”) y motio (que significa “movimiento”). A juzgar por el sentido que se le atribuye al concepto desde el campo de la psicología y de la filosofía, una motivación se basa en aquellas cosas que impulsan a un individuo a llevar a cabo ciertas acciones y a mantener firme su conducta hasta lograr cumplir todos los objetivos planteados. La noción, además, está asociada a la voluntad y al interés.

En otras palabras, puede definirse a la motivación como la voluntad que estimula a hacer un esfuerzo con el propósito de alcanzar ciertas metas.

Parecerá, visto desde esta perspectiva, que lo único que debemos hacer para alcanzar nuestros objetivos sea proponernos esas metas y emplear el esfuerzo necesario para realizarlo. En algunos casos estos ingredientes son suficientes para cumplir el propósito, pero ¿qué ocurre en los casos en los que no lo es?.

Las explicaciones vienen de la mano de la definición anteriormente mencionada, en la que la persona busca el movimiento, la acción, el esfuerzo en definitiva para tratar de cumplir con sus ideales, puede tratarse de una inadecuada definición de éstos objetivos, quizá sean poco realistas, irrealizables tal vez, o bien requieren de mayores dosis de esfuerzo al que se viene empleando.

Generar esa energía motivacional de la nada, requiere un aprendizaje, un conocerse en el amplio espectro de la persona, sabiendo dónde van a estar nuestros picos de atención y de motivación, qué acciones requieren de mayores dosis de autorefuerzo para poder llevarlas a cabo.

Cabe resaltar que la motivación implica la existencia de alguna necesidad, ya sea absoluta, relativa, de placer o de lujo. Cuando alguien está motivado, considera que aquello que lo entusiasma es imprescindible o conveniente. Por lo tanto, la motivación es el lazo que hace posible una acción en pos de satisfacer una necesidad.

En relación precisamente a cómo la necesidad influye en la motivación es interesante recalcar que existe una teoría clásica, la de la jerarquía de necesidades de Maslow, que precisamente deja patente cómo existe una estructura piramidal de aquellas que son las que contribuyen de la mejor manera a motivar a una persona en cuestión.

Dentro de esas necesidades se encuentra la Necesidad de Autoestima, la salud de la misma se ve afectada por la imagen que tengamos de nuestro propio desempeño, y de la capacidad de generar los esfuerzos necesarios para alcanzar nuestros sueños.

Para crear en cada momento la energía motivacional suficiente es importante nuestro Diálogo Interno, los mensajes que nos decimos en todo momento sobre lo que hacemos y sobre lo que somos. Cambiar los “deberías” por los “me gustaría”, es una buena manera de empezar.

También es importante darse cuenta que muchas veces para que experimentemos esa motivación se debe empezar “haciendo”, porque en la mayoría de los casos sólo nos reforzará el esfuerzo realizado.

Un año se acaba y comienza uno nuevo, son fechas en las que los excesos y los propósitos de enmienda para el nuevo año se entrelazan en comunión fraterna (no vaya a ser que acaben peleados). Es un tema, el de los propósitos para el año que entra, que no por manido deja de ser interesante el reparar durante unas lineas en esto e intentar dar un poco de sentido al aparente bucle en el que nos vemos imbuidos cada Navidad.

¿Cuál es el proceso por el que pasamos?, ¿qué aspectos son importantes en este sentido?, ¿por qué nos cuesta poner en marcha lo que a priori parece claro que vamos a hacer?.

Estamos hablando de formas de pensar, de auto engaños, de procastinación (más comúnmente conocido como “ya si eso lo hago mañana”). Pero ¿qué es lo que nos lleva a tomar una serie de decisiones que luego no ponemos en marcha?.

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